

Esas malditas canciones románticas, nadie se da cuenta, pero tienen los mismos acordes que las baladas tristes. El amor es el perfecto disfraz para esa terrible belleza que es la melancolía.
Así, una canción de este tipo, bajo las condiciones y la luz adecuadas, sirven de paspartú ideal para una abrumadora desdicha, para la ruina más vergonzosa; son catéter del veneno más lento, ese que se inyecta en la vena abierta de la esperanza.